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Silbido del turbo: ¿es grave?

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Seamos sinceros: un ruido de cualquier tipo cuando estamos conduciendo nunca gusta a nadie. A la hora de estrenar un vehículo, siempre agudizamos los cinco sentidos para detectar cualquier aspecto inusual; con el paso del tiempo y los kilómetros, iremos conociendo todos los detalles del coche y acostumbrándonos a los ruidos ‘normales’ y más típicos. Por ejemplo, un silbido del turbo puede convertirse en un acompañante habitual durante la conducción…aunque mucho ojo, porque un cambio en el tipo de sonido podría conllevar una posible avería.

Un silbido en el turbo puede ser desde un sonido normal procedente de su funcionamiento habitual, hasta un posible problema que puede derivar en una avería más grave: todo depende del momento en el que se produzca y de la intensidad del mismo. En un motor turbo, una mecánica que ya prácticamente podemos encontrar en vehículos tanto propulsados por gasolina como por diésel en el mercado actual, suele escucharse un silbido en el momento en el que el compresor aumenta su presión para ejercer su función. 

En cuanto a su funcionamiento normal, no debería ser un mayor problema. Sin embargo, en el momento en el que ese silbido del turbo aumente su intensidad respecto a lo habitual, puede significar averías como fugas en algún manguito o signos de avería en el propio turbocompresor. Si fuera así, lo más recomendable es acudir cuanto antes al servicio oficial o taller de confianza para su revisión y -de ser el caso- su reparación para evitar averías más caras.

Posibles averías del turbo

Un motor turboalimentado es una mecánica que estamos acostumbrados a ver desde hace muchos años en nuestras carreteras. Con un mantenimiento adecuado y sabiendo lo que tenemos entre manos, un turbo puede durar muchos miles de kilómetros y aguantar sin problemas la vida útil del vehículo. Eso sí, si no tenemos cuidado y lo maltratamos, también podemos provocar una avería en tan solo unos pocos cientos de kilómetros. Ya hemos hablado del posible silbido del turbo, pero…¿cuáles son las averías más comunes en este elemento del sistema propulsor de un vehículo?

  • Desgaste del eje. El turbo gira a muchísimas revoluciones por minuto, por lo que en su construcción esto se tiene en cuenta a la hora de diseñarlo y el eje gira ‘bañado en aceite’ en todo momento gracias a estar rodeado de unos casquillos especiales. Con el paso del tiempo y los kilómetros, estos casquillos pueden perder hermeticidad y provocar fugas de aceite que se cuele en la admisión. ¿Cómo lo podemos identificar? Muy sencillo: un elevado consumo de aceite y humo azul al acelerar por el tubo de escape son los síntomas más identificativos de esta avería, y conviene ir al taller a solucionarla si no queremos pagar la factura de un turbo nuevo.
  • Geometría variable averiada. En un turbo de geometría variable, una avería del sistema que regula la posición de las aletas puede provocar que la presión de soplado no sea la correcta. Los síntomas más comunes son la pérdida de potencia y normalmente el encendido de la luz de avería motor en el cuadro. En cuanto a las causas, lo más probable es la acumulación de carbonilla en el mecanismo o una avería en el motor eléctrico que regula el dispositivo.
  • Errores en la válvula de descarga. La presión a la que trabaja el turbo se controla de forma ‘autónoma’ gracias a un pulmón neumático que en ocasiones puede perforarse y provocar que la válvula de descarga no se abra. Esta avería provoca altibajos de presión que hacen que la centralita del vehículo active el modo de protección del motor, reduciendo su potencia y prestaciones. 
  • Silbido del turbo muy alto. Ya hemos hablado que el hecho de que el turbo silbe no necesariamente conlleva asociada una avería. Sin embargo, un aullido excesivo puede estar avisando de que algo está pasando: posibles desgastes o desequilibrios en el régimen de giro son algunas de las posibles averías de este síntoma. Una visita al taller para su revisión a tiempo puede evitar facturas de varias cifras en el futuro cuando ya sea demasiado tarde.
  • Fugas de presión. Un turbo es una mecánica que está expuesta a cambios de presión continuos en su funcionamiento, por lo que una fuga de presión debido a grietas o aflojes en manguitos o abrazaderas son también una de las averías más ‘comunes’ del sistema. ¿Cómo se pueden detectar? Sus síntomas pueden ir desde faltas de potencia, hasta avisos de fallo motor o escuchar ‘silbidos’ anormales a la hora de acelerar.

Cómo cuidar el turbo

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Para cuidar el turbo y que pueda durarnos muchos kilómetros sin averías, conviene seguir una serie de recomendaciones para protegerlo. Una de ellas es elegir siempre aceites de calidad contrastada y respetar al máximo los cambios para que el turbo esté lubricado en todo momento. También es muy recomendable esperar un tiempo prudencial hasta arrancar la marcha para que el turbo adquiera temperatura de funcionamiento y esté correctamente lubricado por el aceite, así como dejar enfriarlo un par de minutos antes de parar el motor.

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