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Por qué tu parabrisas es diferente al de un coche de las 24 horas de Le Mans

Parabrisas diferente Le Mans

Este fin de semana se disputan las 24 Horas de Le Mans, una de las carreras históricas del automovilismo mundial, que pone a prueba la resistencia de pilotos, equipos y máquinas. Tanto en los prototipos como en los GTs que compiten en esta prueba, los parabrisas son un elemento fundamental.

Y es que la visibilidad es un factor clave en las 24 Horas de Le Mans, por tres factores: hay grandes variaciones de luz (día, noche, amanecer y atardecer), suele llover en algún momento de la carrera, y los parabrisas acumulan mucha suciedad, por rodar tantas vueltas junto a otros coches y por la gran cantidad de restos que se acumulan en la pista.

Diferentes funciones, diferente diseño

Eso sí, el parabrisas de un coche de competición de este nivel tiene poco que ver con el de uno de calle, pues solo ha de cumplir dos funciones: ofrecer visibilidad y protección contra el viento u objetos que pudieran impactar en el piloto.

En un modelo de calle, el parabrisas ha de cumplir otras funciones, la primera, aportar resistencia estructural para ayudar a que el techo no se hunda en caso de vuelco. Los coches de carreras disponen de resistentes monocascos de fibra de carbono (prototipos) y de jaulas de seguridad con barras antivuelco (GTs) que cumplen ese cometido.

Además, el parabrisas de un automóvil de serie sirve de apoyo para que se despliegue el airbag del acompañante, elemento que los coches de carreras no tienen. Por último, en la mayoría de los automóviles modernos el parabrisas aloja cámaras y sensores de los sistemas de seguridad ADAS, que tampoco se usan en competición.

Teniendo en cuenta estos factores, el policarbonato es el mejor material para el parabrisas de un coche de las 24 Horas de Le Mans: pesa un 50% menos –algo vital en las carreras- y ofrece superior resistencia a la perforación en caso de impacto de algún elemento. El policarbonato no sirve para los coches de calle por varios motivos: falta de rigidez, se raya con mucha facilidad, enturbiando la visibilidad y provocando molestos reflejos; es menos transparente que el cristal y ofrece una peor calidad de visión; y tiene un montaje menos preciso.

El reto de mantener el parabrisas limpio en Le Mans

Los coches de competición dejan mucha suciedad en la pista, procedente de las virutas de goma que se desprende de sus neumáticos y de aceite y otros líquidos. Muchos de estos elementos acaban en el parabrisas del coche que va detrás bien pegado, pues en las carreras no hay que mantener la distancia de seguridad.

Para mantener la mejor visibilidad posible a lo largo de las 24 horas de Le Mans, los mecánicos limpian en profundidad el parabrisas en cada parada en boxes (cada 40 minutos, aproximadamente) con potentes productos de limpieza.

Pero la suciedad se incrusta tanto por las elevadas velocidades, que esto a veces no es suficiente. Por este motivo, se montan finas láminas de plástico traslúcidas por encima del parabrisas, que se van retirando cuando ya no pueden limpiarse, a medida que va avanzando la carrera. El ganador de la edición de 2018 llevaba instaladas once de estas  láminas, número máximo que suele emplearse, pues a partir de ahí se distorsiona la imagen y se compromete la visibilidad del piloto.

Los limpiaparabrisas también ofrecen muchos retos. En competición suelen ser de un solo brazo, para reducir la resistencia aerodinámica y porque no es tan necesario, como en la calle, que su barrido llegue a todas las esquinas. Los pilotos han de ser cuidadosos, pues si llevan mucha suciedad acumulada en el parabrisas, accionarlos puede empeorar la situación, en lugar de mejorarla.

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